sábado, 22 de octubre de 2011

Salón de lectura: Carlos R. Zafón.- "Las luces de Septiembre"

Hablábamos en el comentario del libro anterior que "cada maestrillo tiene su librillo" y temas que le atraen a la hora de escribir, temas que acaparan la atención del lector al acceder por primera vez a una novela de este tipo (ya comentamos "Marina") pero que quizás aburran por repetitivos.

Y es que el utilizar tan reiteradamente el recurso de los autómatas [aunque el autor indique que se trata de una trilogía llamada "La trilogía de la niebla" compuesta por El príncipe de la niebla (1993), El palacio de la medianoche (1994) y Las luces de septiembre (1995), lo usa también en Marina (1999)] puede ser consistente para una literatura juvenil, como al principio fue considerada -obtuvo el Premio Edebé de literatura infantil y juvenil.


Si no hubiéramos conocido su rotundo éxito con "La Sombra del viento" (que quedó finalista en el 2000) , que de nuevo retoma un tema repetido después - bibliotecas de libros olvidados-, probablemente el autor hubiera quedado relegado a un segundo plano entre los autores de interés. Pero, insisto, nunca es desdeñable el trabajo de un autor (yo misma he presentado alguna novela), que siempre respetaré por encima de cualquier otra circunstancia.

Resumen tamado de la Web de Carlos Ruíz Zafón

Un misterioso fabricante de juguetes que vive recluido en una gigantesca mansión poblada de seres mecánicos y sombras del pasado... Un enigma en torno a extrañas luces que brillan entre la niebla que rodea el islote del faro. Una criatura de pesadilla que se oculta en lo más profundo del bosque...



Estos y otros elementos tejen la trama del misterio que unirá a Irene e Ismael para siempre durante un mágico verano en Bahía Azul. Un misterio que los llevará a vivir la más emocionante de las aventuras en un laberíntico mundo de luces y sombras.

Salón de lectura: Julia Navarro. "La sangre de los inocentes"

No sé cómo se las apaña esta mujer para conseguir mezclar tantos conflictos históricos en una sola novela, intercalando personajes de la Inquisición, Templarios, nazis, CIA, conflicto árabe-israelí, fundamentalismo islámico, el Vaticano... ¡y lo que haga falta! (ya lo comentamos en otra de sus obras: "La Biblia de barro") para conseguir una novela que se puede calificar de interesante, aunque considere, en mi modesta opinión, que quizás fuera innecesario organizar semejante "gazpacho" que deja al lector anonadado y ciertamente incrédulo ante tanta amalgama (muchas veces ciertamente solo esbozada) que dificilmente me atrevería a calificar, como hacen, de "novela histórica", siendo tan sólo una fantasía.

En fin, sé por experiencia lo que cuesta dar sentido al contenido de una novela y dotarla de interés... cada uno tiene sus sistemas o, lo que es lo mismo, "cada maestrillo tiene su librillo".

Nuestra autora parece haberse especializado en esas mezclas y, si bien es cierto que le resta algo de credibilidad, hay que reconocer que me ha gustado este relato mucho más que el anterior.

Resumen tomado de la propìa Web de Julia Navarro:

Soy espía y tengo miedo… Así empieza la crónica que escribe en el siglo XIII fray Julián sobre el cruel asedio a Montségur y la lucha entre cátaros y católicos. Siglos después, en 1939, un medievalista agnóstico emprende un peligroso viaje por el Berlín nazi en busca de su esposa de origen judío. En la actualidad, un grupo de musulmanes radicales se inmola en Frankfurt dejando tras de sí un mensaje críptico que pone en estado de alerta al Centro Antiterrorista de la Unión Europea, cuyos agentes, con la ayuda de los servicios secretos del Vaticano, intentarán desvelar un enigma que une la intolerancia de la Inquisición, la sinrazón fascista y el integrismo islámico en una frase: «Algún día alguien vengará la sangre de los inocentes». Un musulmán captado por una célula terrorista, un jesuita experto en herejías, un conde francés obsesionado por una dramática herencia familiar, un hombre misterioso -El Facilitador- que desde la sombra maneja los hilos del poder junto a una intrépida joven de los servicios antiterroristas protagonizan este apasionante libro sobre la venganza y la traición, con el violento conflicto entre Oriente y Occidente como telón de fondo. En su novela más madura y ambiciosa, Julia Navarro sorprende con una vertiginosa aventura que nos transporta a lugares como Jerusalén, Granada, Roma o Estambul, y que indaga en las causas del fanatismo religioso y la intolerancia a lo largo de los siglos.

Leyendo "El Quijote". Primera parte. Cap. 22

Capítulo vigésimosegundo


De la libertad que dio Don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir


De nuevo Cervantes, como para "curarse en salud", nos recuerda que estamos leyendo una gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia producto de la creatividad de Cide Hamete Ben-Engeli.

Cuenta esta vez que nuestros dos protagonistas, después de haber departido ampliamente sobre lo que pensaban conseguir en el futuro, van al encuentro de (o sería mejor decir "les viene") una nueva aventura al observar la comitiva formada por hasta doce hombres a pie ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos. Venían asimismo con ellos dos hombres de a caballo y dos de a pie;.




Se le ocurre a Sancho comentar que serían sin duda galeotes, "gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza", como él mismo explica.

Es oír la expresión "de por fuerza" y despertarse en Don Quijote el ardor caballeresco por el que debía ayudarles a pesar de que su escudero le recuerda que es la misma justicia del rey la que les condena por sus malas acciones.

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jueves, 6 de octubre de 2011

Seguimos leyendo "El Quijote"... Cap. 21

Capítulo vigésimoprimero


Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero


Estaba "mosqueado" nuestro caballero con el susto de los batanes, y ni siquiera los quiso usar para protegerse de la lluvia, así que siguieron su camino.

De repente ven a lo lejos a un jinete que portaba algo que relucía como el oro y poco necesitó nuestro caballero para comentar:

Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: donde una puerta se cierra otra se abre: dígolo, porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra para otra mejor y más cierta aventura, (...) digo esto, porque si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes.


Sancho ya no sabía qué hacer o decir... intentó convencer a su amo de que no se metiera en más líos y que bien pudiera ser que no fuera lo que creía.