martes, 31 de julio de 2012

Leyendo el "Quijote". Parte 1ª. Capítulo 8


Capítulo octavo
Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

Seguían nuestro protagonista y su recién estrenado compañero vagando sin rumbo fijo por la meseta castellana, cuando Don Quijote llama la atención de Sancho hacia unos gigantes contra los que iba a librar batalla y vencerles para mayor gloria de su nombre, quitar la mala simiente sobre la tierra y ¿por qué no? el interés material: con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer.

Imagen No sabía aún el pobre Sancho en qué lío se había metido accediendo a acompañar a su nuevo amo, y, como es natural, pregunta extrañado porque lo que él ve "no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino".
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Como véis, no es de ahora el descubrimiento de la energía eólica, y aunque el avance tecnológico lo haya sustituido por nuevos molinos, ha sido y es elemento habitual en el paisaje castellano. Antes, para moler la harina; ahora, para el aprovechamiento de la energía.

Pues bien, quiso el viento soplar en ese momento y hacer que se movieran las aspas, por lo que Don Quijote se aseguró de la fiereza de dichos gigantes "y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante, y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo."

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El buen Sancho no daba crédito a lo que veía, y menos a la ceguera de su señor, que aún después de probar los efectos de su locura exclamaba al querérsela hacer ver: "Calla, amigo Sancho, respondió Don Quijote, que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón (inventado, ya que no todos los personajes citados los saca de los libros), que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada"

Le ayudó como pudo a montar de nuevo en el también molido Rocinante y continuaron su camino hacia Puerto Lápice, (municipio de la provincia de Ciudad Real) "porque allí decía Don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero" (de mucho tránsito de viajeros), en donde esperaba hallar muchas y nuevas aventuras.

Pero iba entristecido Don Quijote por haber perdido su lanza en el singular combate, por lo que, rebuscando en su memoria, encontró la solución al recordar que un caballero español, llamado Diego Pérez de Vargas, había hecho grandes hazañas fabricándose él mismo un arma de madera. Así que decidió: "de la primera encina o roble que se me depare, pienso desgajar otro tronco tal y bueno como aquel, que me imagino y pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a verlas, y aser testigo de cosas que apenas podrán ser creídas."

El bueno de Sancho le aseguró que creería todo lo que él le dijera, pero se preocupó de su lamentable manera de cabalgar "de medio lado", lo que indicaba hasta qué punto estaba mal; pero al explicarle Don Quijote que no era propio de caballeros el quejarse, le advirtió: "De mí sé decir, que me he de quejar del más pequeño dolor que tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse."

Atento a sus necesidades, recordó a su amo que deberían comer, y aunque Don Quijote ni hambre tenía, permitió a su escudero hacerlo, por lo que, aun montado sobre su asno, "iba caminando y comiendo detrás de su amo muy despacio, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga"

Pararon en un bosque al llegar la noche, y mientras Sancho durmió "a pierna suelta", Don Quijote la pasó en vela fabricándose una nueva lanza y "por acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos en las memorias de sus señoras".

Hubiera seguido durmiendo Sancho de buena gana cuando su amo le despertó y enseguida pensó en su desayuno y en cómo repondrían lo que iban consumiendo, mientras Don Quijote tampoco esta vez quiso tomar nada.

Siguiendo su camino, y llegando ya a Puerto Lápice, Don Quijote advirtió a Sancho que pasara lo que pasara jamás pretendiera ayudarle cuando estuviera en lucha con caballeros, pues solo podría luchar con gente de su condición, a lo que Sancho replicó que no tendrían ningún problema con eso, ya que "soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos y pendencias; bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle."

En esto aparecieron dos frailes sobre sus mulas, seguidos de un carruaje que no viajaba con ellos pero sí llevaban juntos el mismo camino. No tardó Don Quijote en inventar una nueva aventura: "o yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen, deben ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío."

Imagen Ya pensó Sancho que esto iba a ser aún peor que lo de los molinos, y aunque quiso avisar a su señor, pronto comprendió que de poco le servían sus advertencias porque "en llegando tan cerca que a él le pareció que le podían oír lo que dijese, en alta voz dijo: gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas, si no, aparejáos a recibir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras."

No tenía problemas Sancho en ver la realidad de la situación, pero no por eso iba a intentar dejar de aprovecharse, por lo que al fin, tras algunas peripecias "arremetieron con Sancho, y dieron con él en el suelo; y sin dejarle pelo en las barbas le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo sin aliento ni sentido" mientras Don Quijote hablaba con la señora que en el carruaje viajaba, rogándole que, en premio a haberla librado de sus supuestos raptores, volviera atrás, hacia El Toboso, para contar a su amada Dulcinea lo que había hecho.

Pero no estaba muy dispuesto uno de los escuderos -vizcaíno, por más señas (gente que debía ser considerada muy belicosa)- a volver atrás, por lo que se enfrentó a nuestro caballero y "dio el vizcaíno una gran cuchillada a Don Quijote encima de un hombro por encima de la rodela, que a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura.".

Y, al modo que mantiene el interés una serie o telenovela con el "continuará", así Cervantes nos promete desvelar la intriga en el capítulo siguiente.

¡Seguimos!

8.- "De grandes cenas, están las sepulturas llenas"

"De grandes cenas, están las sepulturas llenas"

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La verdad es que no he podido encontrar mucho acerca de las causas fisiológicas que corroboren este aserto. Y entre lo que he encontrado hay opiniones para todos los gustos, así que para su explicación me quedo con los que más creíbles me han parecido:

En primer lugar se habla de los "adipocitos":  funcionan como parte del sistema inmunitario y ayudan a controlar la acumulación de grasas. Pero parece ser que estas células descansan también durante nuestro  sueño, por lo que en una persona ya sobrecargada de materia grasa, y al carecer de esta ayuda en el difícil proceso de la digestión, se multiplican las posibilidades de una congestión que la lleve a la muerte.

Relacionado con los excesos de las "grandes cenas" se halla el abuso del alcohol, causa de cirrosis y coma hepático en metabolismos ya alterados por el hábito de beber a menudo y en demasía.

Por todo ello, el refranero nos indica: "Desayuna como un rey, come como un señor y cena como un pobre".

Claro que de todos es sabido, sobre todo en las suculentas y apetitosas cenas tradicionales de Nochebuena y Fin de Año, que no hay nada mejor que hacer una sobremesa larga y dejar que el cuerpo realice la digestión antes de irnos a dormir ;).

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A cenas y banquetes excesivos se les llama "pantagruélicos". Si os interesa acercaros al porqué, procede de la obra de François Rabelais : Gargantua et Pantagruel (1532).

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lunes, 30 de julio de 2012

Leyendo el "Quijote". Parte 1ª. Capítulo 7

Capítulo séptimo
De la segunda salida de nuestro buen caballero D. Quijote de la Mancha

Las voces de Don Quijote, que en ese momento despertaba, hizo que se interrumpiera la selección de libros, por los que se dan algunos títulos que fueron condenados al fuego siendo "inocentes".

Era más importante atender a nuestro protagonista, que puesto en pie, animaba en un supuesto torneo repartiendo cuchilladas por todas partes. Queriendo calmarle y que volviera al lecho y ante sus desvaríos, el cura, a quien llamó señor Arzobispo Turpin (de las aventuras de Roldán, caballero de Carlomagno) le calma: Calle vuestra merced, señor compadre, dijo el cura, que Dios será servido que la suerte se mude, y que lo que hoy se pierde se gane mañana; y atienda vuestra merced a su salud por ahora, que me parece que debe de estar demasiadamente cansado, si ya no es que está mal ferido. 
Ferido no, dijo Don Quijote; pero molido y quebrantado no hay duda en ello
Y creyéndose esta vez Reinaldos de Montalbán, pidió de comer, comió y se volvió a quedar dormido.
Quemados los libros y tapiado el aposento-biblioteca para que no pudiera Don Quijote acceder a él (por obra de encantamiento, dirían) pasaron dos días hasta que nuestro caballero se levantó buscando, efectivamente, sus libros y quedó muy encolerizado por el supuesto hechizo. Sin embargo, permaneció en su casa muy tranquilo durante quince días entretenido con las visitas de sus amigos, el barbero y el cura.

Pero no cejaba en sus ideas, y así "En este tiempo solicitó Don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien (si es que ese título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salir con él y servirle de escudero"

"Decíale entre otras cosas Don Quijote, que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase en quítame allá esas pajas, alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador de ella. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza (que así se llamaba el labrador) dejó su mujer e hijos, y asentó por escudero de su vecino".

No olvidaba los consejos que le diera el castellano que le había armado caballero, por lo que "Dió luego Don Quijote orden en buscar dineros; y vendiendo una cosa, y empeñando otra, y malbaratándolas todas, allegó una razonable cantidad. Acomodóse asimismo de una rodela que pidió prestada a un su amigo, y pertrechando a su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester; sobre todo, le encargó que llevase alforjas."

.. Y así "Todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni Don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque les buscasen. Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido" emprendieron el mismo camino que en su salida anterior tomara Don Quijote por el Campo de Montiel, y empezamos a ver en las conversaciones sobre la supuesta ínsula e incluso algún reino que el caballero prometía, la sabiduría socarrona y muchas veces tan acertada del escudero frente a las ilusiones y aires de grandeza de su nuevo señor.

¡Seguimos!

7- "Tomar el rábano por las hojas"


"Tomar el rábano por las hojas"

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El rábano, tubérculo  bastante utilizado en casa para acompañamiento de la comida, solo o en ensalada (principalmente con las migas), crece bajo tierra como la zanahoria o la patata, y avisan de su presencia con abundantes hojas. Para recogerlos, hay que ablandar la tierra o ayudarse de una azada y removerla con cuidado si queremos  disfrutar de ellos, o nos podemos arriesgar a que nos quedemos con las hojas en las manos y el rábano siga en tierra.
Con esto, entendemos mejor el sentido de la frase: hacer o interpretar mal una cosa por conformarnos con su apariencia y no profundizar. Mientras que es de todos conocido que lo que debe hacerse es "atajar el problema de raíz".

Aunque suene similar, debemos hacer notar que tiene el sentido contrario al de "tomar el toro por los cuernos", ya que éste sí nos indica que nos enfrentamos a un problema o situación de frente, valientemente y sin rodeos.

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De tomar el rábano por las hojas se le puede acusar, en mi opinión, al rey Macbeth, inmortal personaje de William Shakespeare, quien en su insaciable ansia de poder, ataca el problema en su superficie, "quitándose de en medio" a sus rivales, mientras que el peligro latente vaticinado por las brujas sigue ahí: ¿Es él mismo? ¿Es lady Macbeth?


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sábado, 28 de julio de 2012

6.- "Irse el santo al cielo"


"Se le va el santo al cielo"

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Los profesores estamos más que acostumbrados al caso  de encontrarnos en mitad de una explicación más o menos ardua y, al interrogar a los alumnos sobre cualquier punto para ver si ha quedado claro, hallar que el alumno en cuestión no sólo no sabe de qué se le está hablando, sino que a veces ni contesta por habérsele ido el santo al cielo.

Y es que si tenemos nombre, tenemos santo (por lo menos mientras se mantuvo la costumbre de elegir en la pila bautismal o en el registro civil, entre el amplio listado de nombres venerados por la iglesia) y ese santo, como corresponde, parece querer habitar regiones "etéreas" mejor que atender a la tantas veces cruda y aburrida realidad.

Se usa también en primera persona: "Se me ha ido el santo al cielo y ... no me acordé de la cita", o... "y no sé lo que iba a decir".

En resumen: ese santo con tendencias a lo celestial que suele acompañar a los despistados ;)

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La primera referencia que se me ha venido a la cabeza relacionando experiencias entre profesor y alumnos es la de una serie de TV que veía en mi adolescencia (hace años ya, pues) en la que un joven, alto y espigado profesor de Literatura hacía algo más que enseñar. Lo siento: no he podido localizarla. Más cercana, y con el mismo argumento, la genial película protagonizada por Robin Williams "El Club de los poetas muertos", guión convertido en novela en el 1991( "Dead poets society". N.H.Kleinbaum) y algo más lejana, pero no menos actual, ya que al fin y al cabo consiste en los mismo: ganarse a los alumnos para poder cumplir su misión (y vocación) de enseñar: "Rebelión en las aulas" (1967) de Sidney Poitier.


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viernes, 27 de julio de 2012

Leyendo el "Quijote". Parte 1ª. Capítulo 4.

Capítulo cuarto
De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

Ya amanecía cuando nuestro flamante caballero, orgulloso de su "gran noche", cabalgaba de nuevo. Pero, ¡cómo no!, dando vueltas en su mente a los consejos del "castellano", decidió que era importante hacer lo que le había recomendado y volver a su casa a por dineros, ropa limpia y, sobre todo, un escudero.

En ésas estaba, cuando al pasar cerca de un bosque oyó quejidos lastimeros y vio la primera ocasión de practicar su oficio. Se dirigió hacia allí y vio "atada una yegua a una encina, y atado en otra un muchacho desnudo de medio cuerpo arriba, de edad de quince años, que era el que las voces daba y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprensión y consejo, porque decía: la lengua queda y los ojos listos. Y el muchacho respondía: no lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato"

Imagen No lo pensó dos veces Don Quijote y se dirigió hacia el hombre que así maltrataba al joven (creyéndole caballero también por tener una lanza apoyada en el árbol junto a la yegua). El motivo del castigo era que el dueño del rebaño acusaba al chico de ser ladrón, ya que cada día le faltaba alguna oveja, mientras que el muchacho replicaba que hacía mucho que el hombre no le pagaba el salario prometido.

Quiso nuestro caballero hacer justicia mandando al chico, Andrés, que acompañase a su patrón, Juan Haldudo, a donde decía tener su dinero, aconsejándole que se fiara de su condición, a pesar de sus dudas, dándole su promesa de volver a castigarle si no cumplía. Y con la confianza que Don Quijote tenía en la palabra dada, siguió su camino muy satisfecho de cómo había solucionado el problema (enderezado el entuerto o deshecho el agravio).

En cuanto desapareció nuestro iluso protagonista, mientras pensaba él en lo bien que había actuado, el hombre volvió a atar al chico y siguió pegándole hasta que le pareció suficiente. Recomendándole cuando le soltó: "Llamad, señor Andrés, ahora, decía el labrador, al desfacedor de agravios, veréis cómo no desface aqueste, aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades."

Juró el muchacho ir a buscar a Don Quijote porque todavía tenía edad de creer en caballeros, pero, entretanto, "él se partió llorando y su amo se quedó riendo.".

No hubo de andar mucho Rocinante, que era quien decidía el camino a seguir, cuando se cruzaron con unos mercaderes toledanos que iban a comprar a Murcia."Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie.".

Como parece natural ya, pues vamos conociendo a nuestro protagonista, de nuevo atribuyó al grupo cualidades que no tenía, y parándose en mitad del camino les increpó: "todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.".

Cervantes, viajero infatigable por su trabajo como recaudador y por su propio carácter, era buen conocedor de las gentes que poblaban los caminos y así, a lo largo de la obra, nos los va retratando como gente sencilla pero socarrona, dispuesta siempre a pasar un buen rato a costa de quienquiera que se atreviera a hacerles frente, si en broma, por broma, si de veras, por orgullo y porque era gente acostumbrada a las peleas. Así que tantearon al caballero diciéndole que les enseñara tan gran hermosura, que no tendrían ningún problema en reconocerla si así era.

Planteó Don Quijote, con su aplastante lógica: "¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia: que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo."

Hay que reconocer que, aparte de fanfarrón, gustaba nuestro caballero de meterse en jaleos, porque a pesar de que quisieron convencerle, "arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaba la lanza, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas" y aun así, tirado en el suelo, exclamaba: "non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido." Sin duda era demasiada altanería, así que uno de los mozos de mulas, no sólo le partió la lanza, sino que aprovechó los pedazos, al ver que ni aún así se callaba, para dejarle tan molido "como cibera" (Residuo de los frutos después de exprimidos.).

Imagen Cuando el mozo se cansó y todos se fueron, Don Quijote, que si no había podido levantarse cuando cayó de Rocinante, menos podía ahora después de la paliza, aún supo sacar sus propias conclusiones a lo que había pasado "Y aún se tenía por dichoso, pareciéndole que aquella era propia desgracia de caballeros andantes, y toda la atribuía a la falta de su caballo"

¡Seguimos!


5.- "El hábito no hace al monje"



  Relacionado con "Aunque la mona se vista de seda..." este refrán nos recuerda que "Las apariencias engañan".
 Hoy en día, "cacos" vestidos de uniforme que pueden dejarnos sin el coche... ¡Podemos pedirles que se identifiquen!. O personal del gas o el agua... deben llevar identificación, aparte de que la compañía nos debe avisar. 
 Así que es un refrán actual: no por ir vestido de determinada manera es quien parece ser.
 Timos en la Red como correos de la banca electrónica, para conseguir tu usuario y clave, o el del que quiere sacar un montón de dinero de su país, las ofertas piramidales, etc., ... ¡mucho ojo! 

Siempre ha habido "trileros" ( adivinar dónde está la carta, o la bolita)el toco-mocho (sobre con papeles), el décimo de lotería premiado... Aquí vemos el "timo de la estampita" de "Los tramposos".



viernes, 20 de julio de 2012

4.-"Ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio"


Esta sentencia, citada en "De abuelos a nietos" en relación con el dicho: 

  "Dijo la sartén al cazo:¡Quítate allá , que me tiznas!"
 
proviene de los Evangelios, en donde se nos cuenta:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 

"No juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la paja que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la paja del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la paja del ojo de tu hermano".

Utilizando, como era costumbre, símbolos habituales en la vida común, era fácil entender  la diferencia entre una paja en el ojo, una brizna, una pequeña astilla, frente al tronco de árbol o listón grueso de madera que se usaba como vigas.

       Creo que el ejemplo es suficientemente claro para no necesitar demasiada explicación.

          Y siguiendo con la Iglesia, tenemos muchos claros ejemplos de la hipocresía aquí censurada desde sus orígenes y ampliamente practicada en su seno por la lucha por el poder o por el rompimiento de los votos, o simplemente por la pérdida de la fe, en obras literarias como:
 "La Regenta" de Leopoldo Alas "Clarín",  a la que el mismo Galdós prologó. 

Las tres obras han sido llevadas a la pantalla. 

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lunes, 16 de julio de 2012

Leyendo el "Quijote". Parte 1ª. Cap. 3

Capítulo tercero
Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo D. Quijote en armarse caballero.

Bien, habíamos dejado a nuestro caballero con su obsesión y ya vamos sabiendo que pocos pueden ganarle a terco; por tanto, no nos sorprenderá que llegado el momento de retirarse pidiera al ventero (según él, el castellano, es decir, el dueño del supuesto castillo) que le acompañara a las caballerizas y una vez allí, se arrodillara ante él y le amenazara con no levantarse hasta que el buen hombre le concediera lo que le quería pedir.

Después de tantas horas atendiendo la venta, imaginamos que lo que más querría sería quitarse de en medio al loco que la suerte había hecho llegar a su casa, por lo que le prometió cumplir lo que quisiera. Entonces fue cuando Don Quijote le contó: "os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana, en aquel día, me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy"

Ya iba el ventero dándose cuenta de la locura de Don Quijote, por lo que, tomándoselo a broma, pensó que iba a ser una buena ocasión para reírse un rato. Siguiéndole la corriente y bromeando sobre que él también había hecho y deshecho en su juventud, le advirtió, sin embargo, que como en su castillo no había capilla disponible porque había sido destruida, él sabía que podían ser veladas en el patio de armas del castillo. Le preguntó si tenía dinero, a lo que Don Quijote contestó que nunca había leído que los caballeros los necesitasen. Fiel a su plan, el ventero le contó que no solo dinero, sino camisas limpias sabía él que eran necesarios para un buen caballero, así como ungüentos para curar sus heridas, siendo tan obvio que no habían considerado necesario decirlo en sus crónicas. Tal vez porque no era bien visto que ellos llevasen alforjas y solían ser sus escuderos los que de eso se encargaban.

"Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad; y así se dió luego orden como velase las armas en un corral grande, que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas Don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y embrazando su adarga, asió de su lanza, y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo, comenzaba a cerrar la noche."

Imagen Contó el ventero el episodio a todos los que en la venta estaban, de manera que se dispusieron a disfrutar del raro espectáculo.

Enfrascado Don Quijote en su vela, se acercó al pozo un arriero que quería dar de beber a su recua, por lo que se dispuso a apartar las armas. La indignación de Don Quijote no se hizo esperar: "¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada, mira lo que haces, y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento!".

No estaba el arriero al tanto de lo que allí pasaba, y seguramente pocas ganas tendría de aguantar manías, así que, haciendo caso omiso, siguió apartándolas para dejar libre el pozo. ¡ No sabía lo que le esperaba!. Don Quijote, encomendándose a su amada Dulcinea en esa su primera prueba, cogió la lanza con las dos manos "y dió con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si secundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara.".

Tuvo suerte de que Don Quijote se conformó con eso y siguió tranquilamente sus paseos, pensando que con un solo golpe sería suficiente. Pero quiso la suerte que otro arriero ocupara el lugar del primero, y a éste, sin avisar, le arreó nuestro caballero tres golpes que le abrieron la cabeza. Viendo esto otros compañeros del oficio, comenzaron a lanzarle piedras e insultarle, mezclándose sus insultos y gritos con las voces del ventero queriendo aclarar que se trataba de un loco y las del mismo Don Quijote: "tirad, llegad, venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía. ".

Ya fuera por las amenazas o por las explicaciones del ventero, el caso es que los arrieros le dejaron en paz y así pudo él continuar la vela de sus armas sin otro contratiempo. Pero no quería el ventero más jaleos, así que acercándose a nuestro protagonista "Díjole, como ya le había dicho, que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria; que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer; y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más que él había estado más de cuatro.".

Don Quijote ya confiaba en él, por lo que accedió y creyó todo lo dicho. Entonces, " el castellano, trajo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino a donde Don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas, y leyendo en su manual como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó la mano, y dióle sobre el cuello un buen golpe, y tras él con su misma espada un gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes como que rezaba."

Fueron las dos "doncellas" las encargadas de ceñirle la espada y calzarle las espuelas, a las que, agradecido, pidió sus nombres y las bautizó en adelante como doña Tolosa y doña Molinera.

"Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vió la hora Don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; y ensillando luego a Rocinante, subió en él, y abrazando a su huésped, le dijo cosas tan extrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, respondió a las suyas, y sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buena hora."

Y así fue cómo nuestro recién armado caballero, se dispuso a continuar su viaje y a iniciarse como tal.

¡Seguimos!

3.- "Arrieros somos, y en el camino nos encontraremos"


Era el de arriero (1) un oficio duro que obligaba a los que lo ejercían a moverse de un lado a otro por los caminos , generalmente montañosos, para el traslado de mercancías . Por eso, seguían rutas más o menos fijas que recorrían de forma cíclica ofreciendo casi siempre productos de primera necesidad en los pueblos fuera de las rutas comerciales mejor comunicadas.  Buhoneros, quincalleros, vendedores ambulantes... que en muchas ocasiones viajaban juntos para poder auxiliarse en caso de apuro.

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Retrocedieron silenciosamente al tiempo que avanzaba la construcción de carreteras y la mejora de las comunicaciones, pero su imagen queda en nuestro refranero para recordarnos que la vida es un viaje en el que cuando alguien niega un auxilio a otro, no pasará mucho para que pueda a su vez verse necesitado y reciba el mismo trato.
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(1).- De "arre" (interjección para animar a las cabalgaduras).- Persona que trajina con bestias de carga.

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Imposible no referirse en este caso a la preciosa canción de Atahualpa Yupanqui: "El arriero"


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viernes, 13 de julio de 2012

2.- "Haz lo que digo, pero no lo que hago"


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Este refrán, citado en la recopilación "De abuelos a nietos", en relación con el de "No entra en misa la campana y a todos llama", nos muestra una costumbre muy habitual en el ser humano: aconsejar a otros lo que han de hacer, siendo él el primero en no seguir aquello que aconseja.

De ahí la importancia de "predicar con el ejemplo" para tener credibilidad e inspirar confianza en los demás.
Aconsejar es fácil, pero... "del dicho al hecho, hay gran trecho" (1). También comentaremos ambos proverbios.
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Ganadora del premio Edebé 2010, Maite Carranza en su obra "Palabras envenenadas" trata precísamente sobre la hipocresía social, centrada en el tema del abuso de menores.
¿Qué pasó con Bárbara Molina? Nunca se encontró su cuerpo ni se consiguieron pruebas para detener a ningún culpable. Una llamada a un móvil pone patas arriba el destino de muchas personas: el de un policía a punto de jubilarse, el de una madre que ha perdido la esperanza de encontrar a su hija desaparecida, el de una chica que traicionó a su mejor amiga. Palabras envenenadas es una crónica de un día trepidante, vivido a contrarreloj y protagonizado por tres personas cercanas a Bárbara Molina, desaparecida misteriosa y violentamente cuando tenía quince años. Un enigma que, después de cuatro años sin resolverse, va a verse sacudido por nuevas claves. A veces, la verdad permanece oculta en la oscuridad y sólo se ilumina al abrir una ventana.
Una historia de mentiras, secretos, engaños y falsas apariencias que pone el dedo en la llaga sobre mitos incuestionables. Un relato escalofriante que disecciona la hipocresía de la sociedad española moderna. Una denuncia valiente de los abusos sexuales infantiles, sus devastadoras consecuencias y su invisibilidad en este mundo bienpensante nuestro.
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(1) Trecho.- Espacio, distancia de lugar o tiempo.


Permitida la copia total o parcial citando MNAcademia

miércoles, 11 de julio de 2012

1. -"Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo"

Comenzamos con una sentencia que necesita poca interpretación: Si el maestro lo hace bien (el abad), no lo hace peor el discípulo (el monaguillo).
Y es que el buen maestro se demuestra por la calidad de los resultados que obtiene de sus alumnos.
 
(…) las buenas gente del pueblo
han escrito al ministerio
y dicen que no esta claro
como piensa este maestro.
Dicen que lee con los niños
lo que escribió un tal Machado
que anduvo por estos pagos
antes de ser exilado.
Les habla de lo innombrable
y de otras cosa peores,
les lee libros de versos
y no les pone orejones. 
Al explicar cualquier guerra
siempre se muestra remiso
por explicar claramente 
quien venció y fue vencido.(...)

Quizás Patxi Andión creara esta canción a partir de la narración "La lengua de las mariposas", de Manuel Rivas, que sirvió como tema de la película que tan magistralmente interpretara Fernando Fernán Gómez. ¡Os la recomiendo!

Nota: Este refrán pertenece a la obra "De abuelos a nietos" y es una muestra para dar idea de su contenido. Por tanto, está prohibida la copia o reproducción total o parcial sin citar la fuente. 
Puedes solicitar el libro en info@mariannavarro.net.

Estamos perezosos...

Pues sí, eso parece, y hasta el simple hecho de "hacer click" con el ratón nos da pereza...
¿Que por qué digo esto? Pues por el hecho de que si pongo enlace a alguna página de mi sitio (donde no hay publicidad, por cierto, ni chorradas de estas que nos comen la conexión) veo que no se visita. Y, en fin, ya que esto se hace "por amor al arte", digo yo que siquiera debería leerse.
Y si no se lee, no digo ya nada de comentar o poner simplemente "gracias" o un "me gusta".
Lo dicho: somos perezosos. Cogemos lo que Internet nos da como si brotara de la nada,como si no fuera fruto de un trabajo, de un tiempo y un esfuerzo, a veces de bastantes horas, ya que aquí hacemos algo más que copiar y pegar...
Bueno, pues... "si no puedes con ellos, únete", dice el refranero, así que eso voy a hacer en este tiempo de vacaciones, e iré poniendo aquí el trabajo que he ido haciendo sobre los refranes y la lectura de "Don Quijote"
Espero que disculpéis que algunos parezcan repetirse (normalmente aquí no los ponía enteros, sino con el enlace a mi foro o blog en http://www.mariannavarro.net ) y, sobre todo, espero que sean leídos, porque al fin y al cabo, para eso se hacen :)
Gracias a los que sí visitáis esos enlaces (no sería justa si no os las diera) y, sobre todo, os agradecería cualquier comentario que me permitiera saber que os gusta (o no) y -¿por qué no?- alguna sugerencia sobre lo que os os interesaria ver aquí. Os aseguro que serán tenidas muy en cuenta.
Saludos afectuosos.


martes, 10 de julio de 2012

Leyendo el "Quijote"


Seguimos con "Don Quijote". Capítulo 33: El curioso impertinente.

Habíamos dejado a nuestro caballero durmiendo, y a sus amigos en confortable sobremesa hablando sobre libros...
Todos conocemos (o deberíamos conocer) las maravillosas "novelas ejemplares" de Cervantes, y hemos ido viendo cómo se intercalan en esta obra novelas dentro de la novela principal normalmente narradas por sus propios protagonistas.

Pues bien, en este caso, se habla en tercera persona y se cuenta cómo En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman Toscana, vivían Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, y tan amigos, que por excelencia y antonomasia de todos los que los conocían, "los dos amigos" eran llamados.

 Estaba Anselmo enamorado, y pidió ayuda a su buen amigo para seguir los cánones de la época y solicitarla como esposa. Todo fue bien y la boda se celebró. Y considerando Lotario que debía dejar solos al nuevo matrimonio, comenzó a espaciar sus visitas, lo que en modo alguno pareció bien a su gran amigo.
Tantas quejas le dio porque hubiera cambiado las costumbres que tenían de solteros, que Lotario se comprometió a comer con ellos dos días por semana y los días de fiesta, aunque procuraba dilatarlo porque pensaba que no estaría bien visto y podría dar origen a maledicencias el que un hombre joven visitara tan a menudo una casa en la que vivía una mujer tan bella como Camila.

Así pasaba el tiempo hasta que un día Lotario le confiesa que a pesar de lo afortunado que era por posición, fortuna y matrimonio,, no era feliz, pues vivía con una preocupación: que no podía constatar que su mujer era buena y virtuosa mientras no pudiera demostrarlo viendo cómo se comportaba en una situación comprometida... Así que no se le ocurre otro modo de comprobarlo que pidiendo a Lotario (Para leer, pulsar aquí)