lunes, 15 de septiembre de 2014

Refranes, dichos y sentencias: " Comer 'de gorra' "

 "Comer de gorra"
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Esta frase, aún de plena actualidad, que significa auto invitarse, acudir a un convite sólo cuando invitan, o hacerse el desentendido cuando llega la cuenta y dejar pagar a otro, es el origen del término de "gorrón" definido por la R.A.E. como persona "Que tiene por hábito comer, vivir, regalarse o divertirse a costa ajena".
 
Todos conocemos también al final de las actividades de espectáculos callejeros, el acto de "pasar la gorra" para recoger la voluntad (la moneda o monedas que cada quién quiera poner en ella) como pago más o menos generoso que premia el espectáculo presenciado. Ese podría ser perfectamente el sentido de comer o vivir de gorra.
 
Pero acudiendo a los entendidos, como en nosotros es habitual, para profundizar algo más si se puede en los orígenes de las expresiones que aquí recogemos, nos remontan nada menos que al "Vocabulario de Refranes y Frases proverbiales" del maestro Correas (1627), indicando que se aplicaban "cuando uno se mete con buenas palabras y la gorra en la mano al convite de otros, o cosas semejantes, sin ser convidado".
 
Los pobres estudiantes universitarios que ya hemos visto en dichos como "la sopa boba", debían agudizar su ingenio y acudir a picardías para poder llevarse algo al estómago. Uno de los recursos era meterse “de colado” en las fiestas de bautismos, cumpleaños o casamientos importantes, repartiendo reverencias y ceremoniosos gorrazos (saludos hechos con la gorra) y permaneciendo mudos y aislados durante la celebración para no ser detectados por los anfitriones, pero dando cuenta de los apetitosos manjares que se servían en la ocasión. De ahí, que a esta clase de “invitados” se les llamase despectivamente capigorrones.
 
Según Iribarren (ya citado en otras ocasiones), Seijas Patiño en su Comentario al "Cuento de Cuentos" de Quevedo, dice que gorra es "voz de germanía que significa la estafa y el estafador, sin duda por los medios lisonjeros y aduladores con que, más que ningunos otros, facilitan el engaño". 
 
Como quiera que semejante caradura iba y va acompañada normalmente de un carácter bonachón, ingenioso y simpático, suele ser figura admitida y hasta apreciada entre los grupos de amigos que, conscientes de que esa actitud proviene de una falta de recursos, costean entre todos sus gorronerías. Otra cosa es cuando, y así empezamos esta explicación, se cuelan sin ser invitados ni conocidos de nadie.
 
Esto de la simpatía de dichos personajes ha sido llevado a otro terreno también popular, el del chiste, y así, estoy segura de que todos conocemos la conocida figura del "indio gorrón" que, ofendido por no haber sido invitado, lleva a toda la tribu al bar y espeta al osado:
 
- Yo ahora obligar tú invitar.
El otro, chuleando ante la palabra "obligar", dice: - ¿Tú solo?
A lo que responde el indio: - Yo, solo - y señalando a los de su tribu -; los demás, con leche.
 
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