martes, 9 de agosto de 2016

Un 9 de agosto... (natalicios)

 En el 1950, el gobierno sudafricano instituyó el Urban Areas Act, conocida también informalmente como la "ley de pases" (pass law). La ley preveía que los negros debían exhibir un pase especial para entrar en las áreas urbanas reservadas a los blancos. Esta restricción afectaba inicialmente solo a los hombres, pero en el 1956, el Primer Ministro Johannes Gerhardus Strijdom, del Partido Nacional, propuso extender la obligación del pase a las mujeres que, además de documentar el servicio para el que eran requeridas, debían someterse a un control médico.
El 9 de agosto de 1956, (día nacional de la mujer) 20.000 mujeres sudafricanas se manifestaron en la plaza dirigiéndose a la Union Buildings, sede del gobierno sudafricano en Pretoria. Entregaron una petición acompañada de 100.000 firmas que terminaba así:
«(Las mujeres africanas) no se detendrán hasta que TODAS las leyes sobre los pases y todas las formas de permiso que limitan nuestra libertad sean abolidas. No nos detendremos hasta que hayamos conquistado los derechos fundamentales de libertad, justicia y seguridad para nuestros hijos.»
  • Día Internacional de los PUEBLOS INDÍGENAS En esta fecha se conmemora el día en que el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías celebró su primera reunión en 1992.
    El tema del Día este año se centra en la cuestión del Derecho de los pueblos indígenas a la educación, ya que «Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje». 
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 Autores del s.XX en las lenguas españolas (y premios Nobel de Literatura) nacidos en esta fecha 

- de 1880, Ramón PÉREZ de AYALA, periodista y escritor español, contemporáneo de la Generación del 98. Citado en el aniversario de su muerte, un 5 de agosto de 1962.
Huérfano de madre a edad muy temprana, estudió como interno en colegios jesuítas de Carrión de los Condes (Palencia) y en Gijón (Asturias), lo que le reportó un gran caudal de conocimientos humanísticos, debidos en parte al único profesor con el que simpatizó, el gran erudito Julio Cejador y Frauca, que no tardó en abandonar la orden. El anticlericalismo que le inspiró la educación jesuítica está plasmado en su novela autobiográfica A.M.D.G., cuyo título hace alusión al lema Ad maiorem Dei gloriam (Para mayor gloria de Dios), propio de la Compañía de Jesús.
Estudió Derecho en Oviedo y bajo la protección de Leopoldo Alas, «Clarín», entró en contacto con los pensadores del krausismo.
El ovetense Pedro González Blanco le puso en contacto con los modernistas de Madrid y en 1902 El Progreso de Asturias imprimió por entregas su primera novela, Trece dioses. Fragmentos de las memorias de Florencio Flórez, muy en la órbita decadentista del Valle-Inclán de las Sonatas.
En 1927 obtiene el Premio Nacional de Literatura y en 1928 es elegido miembro de la Real Academia Española. Destacó en el ensayo, género que asoma también en su poesía lírica y su novela, muy intelectualizadas. Tigre Juan (1926) es considerada como su mejor novela, y la segunda parte, El curandero de su honra, constituye un sutilísimo examen psicológico del machismo, que coloca a Pérez de Ayala en la cima de la narrativa psicológica en castellano.
Otras obras: El sendero innumerable (lírica, 1916), El sendero andante (lírica, 1921), Amistades y recuerdos (ensayos, 1961), Fábulas y ciudades (ensayos, 1961).

Tierra adentro y cara al mar, asentado sobre una loma de los aledaños de Regium está el Colegio de segunda enseñanza de la Imnaculada Concepción. Lo regentan los Reverendos Padres de la Compañía de Jesús.
Es una mole cuadrangular, cuyas terribles dimensiones hácenla medrosa; la desnudez de todo ornato, inhóspita, y la rojura viva del ladrillo de que está fabricada, insolente. No tiene estilo. Su fachada lisa, de meticulosa austeridad, abierta por tres ringlas de ventanales, se ofrece á la mirada inquisitiva del viandante con la tristeza sorda y hostil de los presidios, de los cuarteles y los establecimientos fabriles. Sábese que es casa de religión porque hay una gran puerta ojival rematada por una cruz, al extremo siniestro del frente, según se mira, á la cual conduce una escalinata de piedra; un campanario voladizo de hierro, á manera de jaulón de micos, en el tejado y á plomo sobre aquella puerta, y unas letras de oro contiguas al alar, promediando el casón: A. M. D. G. 

El edificio está á cosa de un tiro de piedra de la carretera real, que conduce á tierras de Castilla, Entre el camino y el colegio, así como aislador de paz que aquiete y embote el tráfago del siglo y sus pecaminosas estridencias, hay pradezuelos mullidos, muy rapados y verdes; los cortan aquí y acullá unas veredas de arena pajiza, las cuales, reptando y curvándose con cierta blandura jesuítica, van á meterse en el convento, por debajo de las puertas. Véase cómo por medio de un sencillo expediente nos inculcan provechosa lección á tiempo que se nos pone al cabo del espíritu de la Orden; porque veredicas y pradezuelos, lo mismo que la propincuidad con la carretera, todo ello obedece á plan y concierto. Quiere decirse que no lejos del camino de perdición está el cobijo de la gracia, y que para entrar en el reino de S. M. Divina, de la cual son ministros tan irresponsables como el propio soberano los Reverendos Padres de la Compañía, es menester trocar las holgadas y prósperas vías
del mundo por pequeños y tortuosos senderitos, abajarse, rastrear, humillarse.
[Fragmento de A.M.D.G. (Ad maiorem gloriam Dei)]

- de 1884, Diego SAN JOSÉ de la TORRE, escritor e historiador español estudioso del Siglo de Oro, cronista de Madrid y prolífico colaborador de la Novela Corta y El Cuento Semanal.
A los 23 años, estrena en el Teatro de la Princesa la comedia El último amor (1907) y más adelante El semejante a sí mismo.
Colabora en los diarios El Globo, La Mañana, Abc y El Imparcial. Por esta época ve la luz su primer libro, Los hijosdalgos del Hampa.
Durante la guerra no dejó de publicar artículos en los que defendía el régimen legal establecido, aunque nunca militó en partido alguno. Por ello fue detenido el 10 de abril de 1939 y enviado a prisión; el Consejo de Guerra lo condenó a muerte, conmutándose ésta por la de cadena perpetua, gracias a la intervención del General Millán Astray, amigo y admirador del escritor, aunque de ideologías encontradas.
 El fin de la Guerra Civil, supuso para el escritor el fin de su carrera literaria, pues ya no tenía cabida en el nuevo régimen. Pasó cinco años de reclusión, hasta que fue liberado, estableciendo su residencia en Redondela hasta el fin de sus días. Diego San José contó su experiencia carcelaria en De cárcel en cárcel (que fue publicado a su muerte, 1988). Continuó escribiendo, bajo el pseudónimo de Román de la Torre, aunque ya muy pocos libros verían la luz, su obra posterior a la guerra sigue todavía inédita. Su penúltimo libro, Estampas Nuevas del Madrid Viejo.
Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.
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Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.
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Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.(Fragmento de Las Astillas, cuento de 'La vieja España galante')

Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.
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Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.
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Menzigüela y Blasillo, mozos al servicio del tío Anselmo, el rico de tíamarma, andaban en vísperas de casarse, felice suceso que habría de tener floración en llegando el día de San Miguel, a fines de septiembre, que es cuando en los pueblos y lugares castellanos se hacen los ajustes de la labor entre amos y criados.
Menzigüela era una moza de buen rejo, cara rolliza y cuerpo bizarro, alta de pechos y tan ampulosa de caderas, que parecía una yegua cordobesa.
Puesta en el trabajo no le hacía ascos al menester casero, y como aquella inmortal «Dulcinea» que anda en las páginas del mejor libro que se escribió en lengua castellana, sabía abrazarse muy bien con un costal de trigo, cuyo contenido, cribado luego por sus manos gordezuelas, no parecía sino granos de oro.
Blas era un buen hombre, cumplido y trabajador, de tan recia complexión, que a tirar a la barra no había quien le ganase entre todos los mozos de la comarca; pero de tan contadas palabras, que para sacarle las pocas que era capaz de pronunciar, era menester Dios y ayuda.
Diz que los coloquios de entrambos amadores pudiera escucharlos un fraile cartujo, sin añorar el silencio que recomienda la rigurosidad de su estrecha regla. La Menzigüela se daba por contenta con estar a la vera de su buen mozo, que es verdad que lo era por modo extremo.
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- de 1894, Francisco MONTERDE, escritor mexicano. Fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua el 12 de julio de 1939; tomó posesión de la silla II el 5 de diciembre de 1951. Fue director de esta institución desde 1960 hasta su muerte.
Por otra parte, fue nombrado miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras el 9 de mayo de 1963.
Entre sus obras: Teatro indígena prehispánico, 1955. Teatro mexicano del siglo XX, 1956. Díaz Mirón, 1956. Presente involuntario, 1957. Dos comedias mexicanas, 1958. La dignidad de don Quijote, 1959. Netsuke, 1962.

Aquella inundación producida por las aguas del manantial que introdujo Auízotl –los buzos taparon las bocas borboteantes, en medio de sacrificios y ofrendas–, no sólo había destruido los sembrados y desarraigado los árboles, en las campiñas de los alrededores. La inundación, en los barrios, arrasó las chozas y en la ciudad debilitó los muros de los palacios. Hubo que reconstruir gran parte de Tenochtitlán, y desde entonces Moctezuma se propuso embellecer la ciudad con palacios que superarían al de su padre Axayácatl, después convertido en convento y casa del tesoro. 
 Su nuevo palacio, el Tecpan, fue construido frente a la plaza mayor. Tenía veinte entradas –sobre cada una, esculpida la insignia de Moctezuma: el águila, con las garras clavadas en un jaguar–; tres patios –en el mayor, una gran fuente–, y un centenar de aposentos con baños.
Los pisos eran de maderas fragantes; las paredes estaban revestidas de tecalli. Sobre los pisos se extendían tapetes, esteras y alfombras de algodón y de pluma; en los lechos, suaves mantas superpuestas, hacían grato el reposo de Mocte-zuma y de su familia. (Fragmento de Moctezuma II. Señor del Anáhuac)
.
- de 1897, Marta BRUNET, escritora chilena. Citada en su obituario, un 27 de octubre  de 1967. En 1923 publicó su primera novela, Montaña adentro. En 1928 viajó a Santiago para luego inscribirse en la Escuela Novelista «Criollista». Publicó sus primeros cuentos en diarios santiaguinos y en 1933 recibió el Premio de Novela de la Sociedad de Escritores de Chile. En 1943, el presidente Juan Antonio Ríos la designó Cónsul de Profesión adscrito al Consulado general de Chile en Buenos Aires hasta 1952. El año 1943 se le otorgó el Premio Atenea de la Universidad de Concepción por su obra Aguas abajo.
En 1961 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura. Fue la segunda mujer en obtener el galardón luego de Gabriela Mistral.
 En diciembre del 1962 fue nombrada Agregada Cultural de la Embajada de Chile en Uruguay además de ser incorporada a la Academia Nacional de Letras del Uruguay.
Otras obras: María Nadie, 1957. Aleluyas para los más chiquititos, 1960. Amasijo, 1962. Obras completas, 1962. Soledad de la sangre (1967).

Llevábamos toda la mañana y toda la tarde metidos en unos angostos desfiladeros, por los cuales debíamos marchar de uno en fondo, vigilando atentamente el paso precaucioso de la cabalgadura.
Bordeábamos a gran altura el lecho de un río. Cortadas a pique, las montañas rocosas se alzaban enormes y grises, con manchones de verduras aferrados a los salientes, con despeñarse fragoroso de manantiales neveros, con riscos filudos cubiertos de verdín. La atmósfera era opaca y fría. En las cimas se veía reverberar el sol poniente y esa tibieza que se adivinaba arriba tornaba insoportable la humedad helada de la hondura.
Me iba cogiendo el cansancio. A menudo preguntaba al capataz:
--¿Falta mucho para llegar?
Y el hombre contestaba invariablemente:
--A l'otra güelta, patroncita.
Pero como conozco lo que es para el montañés "l'otra güelta", no me fiaba mucho de la proximidad de la casa donde pernoctaríamos, propiedad de un hijuelero que tenía negocios con mi padre. Íbamos hacia una laguna perdida entre los volcanes mallequinos y de la cual un pintor amigo me hablara maravillas de belleza.
En un paso difícil hubimos de desmontarnos para ir a pie por lo peligroso. Una bandada de pájaros estaba inmóvil sobre nosotros, tan altos que parecían puntos, estrellas de sombra en el cielo opalino. Un mozo dijo:
--Son jotes qu'están aguaitando si alguno se desrisca pa' venir a comérselo.
Tuve la sensación de que un pico corvo y duro me desgarraba las carnes. Me dio miedo y volví a repetir mi pregunta ansiosamente:
--¿Falta mucho para llegar?
Con una gran sonrisa alentadora, el hombre contestó:
--A l'otra güelta, patroncita.
(Fragmento del cuento 'Ave Negra' )

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- de 1907, Manolo CUADRA, escritor nicaragüense.
Sufrió encarcelamientos y destierros durante la dictadura de Anastasio Somoza y fue considerado uno de los padres de la moderna narrativa nicaragüense, principalmente en el género testimonio.
Entre sus obras: 
Itinerario en Little Corn Island (Vivencia de su destierro en esa isla del Caribe, 1937), Contra Sandino en La Montaña (1942, colección de cuentos ambientados en la guerra sandinista, de 1927 a 1933), Almidón (novela humorística, 1945) y Tres amores (recopilación de todos sus poemas, 1955).

Al fuego de mi amor estás vedada
Por los lebreles del cercado ajeno.
Rosa para mi mano no cortada.
Nunca te sorberé, dulce veneno.

Fórmula jamás cristalizada
En concreto sentido y goce pleno.
Alto muro te tiene reservada:
Tu sien palpita bien junto a otro seno.

Un hado adverso, por mi mal, lo quiso.
Ciudadela sin puente levadizo.
Barco sin pasarela, desolado.

Cuando en asirte, estúpido, me empeño,
Vuelas alta de mí, hecha de sueño,
Y estás cerca de mí, jardín cercado.
(Jardín cercado)


- de 1920, Manuel LOZANO GARRIDO, "Lolo", fue un escritor y periodista español fallecido el  3 de noviembre de 1971.
Estuvo enfermo con parálisis, lo que le obligó a vivir 32 años en silla de ruedas, y en sus 9 últimos años de vida, además, quedó ciego.
Fue beatificado el 12 de junio de 2010, tras atribuírsele un milagro -como es condición, por otra parte, para iniciar el proceso.
"...es un canto a la vida, hasta el último instante, desde su silla de ruedas (...) encajando su dolor y su sufrimiento desde una perspectiva muy alta (...)" (Palabras del obispo de Jaén, Ramón del Hoyo).
Entre sus obras: El árbol desnudo (1970).
Publicadas póstumamente en 2009:  Ñoño, Las estrellas se ven de noche, Surtidor del alma (poemas) y Cuentos en LA sostenido.
La mutilación de ese mundo tan maravilloso que es el de los sentidos, el sabor grato de la vida de relación, el impacto bello de la armonía de la naturaleza, se amortigua en el planteamiento de una nueva evolución vital, en la que la profundización se reserva la paternidad de los hallazgos más luminosos y consoladores. Nadie puede negar que el aislamiento suponga siempre un enriquecimiento de interioridad.
(...) Lo exacto es que nuestros tendones, comprimidos al máximo, estarán siempre subordinados al supremo recurso de la musculatura de Dios, que se arquea junto a nuestro latido y nuestro forcejeo. Lo que está bien claro es que nuestras espaldas no se rendirían tanto a la pesadumbre si nos adelantáramos a la visita del infortunio tendiendo ya la mano a la colaboración generosa con los planes divinos" (Fragmentos de 'El sillón de ruedas')
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- de 1921, Elías AMÉZAGA, escritor español. Licenciado en
Derecho por la Universidad de Oviedo, tras más de 25 años de investigación firmó una bio-bibliografía de diez tomos titulada Autores vascos. Escribió más de sesenta obras de teatro, ensayo y biografías.
Es reconocido por su inconmensurable labor en pro de las letras vascas, estudiando cualquier autor, independientemente de su color ideológico. La Real Sociedad Vascongada de Amigos del País le nombró socio emérito y la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza le entregó el Premio Manuel Lekuona en 2005.
Falleció en su casa-torre de Guecho el 13 de abril de 2008 a los 86 años de edad.

 Once años cuenta Sabino cuando se consuma la felonía parlamentaria y el arrebato del derecho foral de este pueblo. Cómo le hubiera gustado a nuestro biografiado tener unos pocos más para oír la defensa de nuestros tribunos, y en especial la de Moraza, que nos explica el origen delos Fueros, proclama la independencia vasca, defiende sus excelencias en varios párrafos de su discurso, sus peculiaridades, y aboga porque tales libertades se copien en otras partes. Demuestra la razón vasca, además de por la ley, por la historia y la sanción de los monarcas y los textos de los códigos, y aún la opinión de las autoridades. ¿Privilegio? ¿Qué privilegio va a existir en un bien heredado de nuestros padres, en una constitución libre, una lengua única, unas costumbres inveteradas, un amor entrañable a la tradición? No. Eso nadie lo regala, ningún rey tiene capacidad para darlo. En consecuencia, tampoco nadie para quitarlo impunemente. (Fragmento de 'Biografía sentimental de Sabino Arana')

 - de 1929, Pedro ORGAMBIDE, escritor polígrafo y guionista argentino. Citado en su obituario, un 19 de enero de 2003.
De dilatada trayectoria y compromiso social, escribió novelas, teatro, cuentos y ensayos. Debió exiliarse en 1974. Permaneció en México hasta 1983, donde trabajó con Montoneros.
Fue guionista, ejerció como periodista y profesor universitario. Practicó el cuento y la novela, así como el ensayo, siendo ganador de premios tan importantes como el Casa de las Américas o el del Fondo Nacional de las Artes o el Nacional de Novela de México.
Entre sus obras:
Memorias de un hombre de bien (1964)Genio y figura de Martínez Estrada (1970); La buena gente (1970); Cantares de las madres de Plaza de Mayo (1983); Hacer la América (trilogía, 1984); Historias imaginarias de la Argentina (1986); Cuentos con tango (1988); Discepolín (1989); Las Botas de Anselmo Soria (1992); Un caballero en las tierras del sur (1997); Yo, argentino (2000).

Ella tuvo la culpa, señor Juez. Hasta entonces, hasta el día en que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico.
El año pasado, sin ir muy lejos, recibí una medalla del mismo gerente. En cuanto a ésa, me pareció sospechosa desde el primer momento.Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además ¡qué exageración! recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían en elogios. Alguno deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, Señor Juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que colman la medida. La intrusa, poco a poco, me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. "González - me dijo el Gerente - lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios". Veinte años, Señor Juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería.Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor Juez, y que le pegué con todas mis fuerzas. Fui yo quien le dio con el fierro. Le gritaba y estaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera , la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.
(Fragmento de 'La Intrusa').

- de 1945, Manuela FINGUERET, escritora y periodista argentina. Citada en su defunción, un 11 de marzo de  2013.
Hija de inmigrantes lituanos, en sus escritos se refleja una fuerte connotación porteña y judía.  Durante su gestión en la Dirección General de Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires promovió la publicación de Un golpe a los libros, la investigación de Judith Gociol y Hernán Invernizzi acerca de la represión a la cultura durante la dictadura de Videla.
Durante muchos años integró la Comisión de Cultura de la Fundación del Libro, que anualmente organiza la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. Fue creadora de la Noche de las Librerías, y columnista de Caras y Caretas. Entre 2000 y 2010 publicó en varias editoriales sus reflexiones sobre la memoria y la barbarie, sus investigaciones educativas para transmitir el Holocausto judío y sobre la cuestión de las dictaduras en América Latina.
Novelas:  Blues de la calle Leiva (1995. Reeditada en 2006),  Hija del silencio (1999. Reeditada en 2006)  y Ajo para el diablo (2011).  Blues de la calle Leiva II  (Inédita).

Algún día partiré
y no olvidaré mi infancia
El amor y el dolor se unen para nacer
allí donde el muro
es una sombra eterna
Algún día partiré
y será una línea
todo aquello que creí
porque el canto es misterio
y la vida
como la hierba
húmeda
desconocida.
(Requiem)
- de 1966, Yuri PÉREZ, escritor chileno.
Pérez comenzó su carrera literaria con poemas, aunque paralelamente también escribía narrativa, sin animarse a estructurar un libro de relatos. Eso cambió cuando sintió que había dejado de componer buenos poemas. «Ahí retomé el trabajo pendiente con la narrativa y es en eso en lo que estoy ahora…», explicó en una entrevista de 2011.
Su primer poemario, Cara et fuego, lo publicó en 1995 y a éste le siguieron varias otras obras hasta que, a mediados de los años 2000 se produce una crisis que lo hace volcarse a la narrativa. Como reconocía en el citado texto: «En los últimos cuatro años no he escrito ni un solo poema decente. He escrito poemas mediocres y, frente a eso, mejor enmudecer».
Como resultado, en 2008 aparece Suite, libro al que la crítica calificó de "técnicamente" su "primera novela", debido a la mezcla entre prosa y lírica, según los críticos.
Este tránsito, que él considera drástico, fue fructífero y, con su novela Niño feo (2010), ganadora del Premio de la Crítica 2011, se «ha consolidado como una de las voces más interesantes de la narrativa chilena contemporánea».
Entre sus últimas obras: Ceremonia del Cristo blanco (poesía, 2004), Ghetto (poesía y prosa poética escrita entre 1994 y 2006), Suite (narrativa, 2008),  Niño feo ( novela, 2010), Mentirosa ( novela, 2012).


Mi hermana piensa que con ir a la iglesia va a conseguir la vida eterna. Pero no, está tan enferma como Aníbal Lecter, el comecuellos que tiene un bozal hecho con cuero de sacerdote. Ir a la iglesia y orar sin sentir lo que se ora es tan fácil como tomar una taza de té. Como ponerse calzones. Como preparar ensalada de tomates. Ella es cínica, aunque lo disimule. Ella y muchas que dicen llevar a Cristo en el pecho. Si el creador divino existe, no está bien nombrarlo en vano, ni pedirle favores personales: una casa nueva, dinero. Muchas, como mi hermana, se llenan la boca con la Biblia y son mujeres infernales. Y cuando viene un terremoto, piden perdón. Cuando llegan huracanes, piden perdón. Cuando fornican, piden perdón. Y si caen sobre un puñado de marabuntas, exigen clemencia del rey de reyes.
Ni Aníbal Lecter ni mi hermana van a llegar al reino de los cielos. Tampoco Jason, el de la máscara que mata gente en la isla. Nadie que clave en la frente un hacha a otro puede entrar al reino del cielo. Ni Freddy Krueger, ni el Chupacabras, ni Obama, ni Fidel Castro. Menos Charles Darwin. Ni el Papa Benedicto XVI. Tampoco Allende, porque era masón. Los masones no tienen fe en Cristo. Pinochet también queda fuera, por devoto: estaba loco, católicamente desquiciado. Ashley Judd entrará al reino de Dios, ella es un ángel, más linda y tierna que Marilyn. Ashley Judd es bella como Leonor Varela, las imagino besándose en la trastienda de un set de televisión: Ashley tocando el ombligo de Varela con la lengua, ambas mirándome de reojo, yo endurecida.
(Fragmento de "Mentirosa")


Nota: Debido a su extensión, hago a continuación una segunda parte con los obituarios.

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